La ruta privada de Adolf Hitler
Hace unos días se incendió el llamado Nido del águila, el que fue chalet alpino de Adolph Hitler en Obersalzberg; seguramente se lo reconstruirá por su valor histórico y la conservación de la memoria de una época importantísima del siglo XX. Se encontraba en Kehlstein (1884 metros), uno de los picos
Hace unos días se incendió el llamado Nido del águila, el que fue chalet alpino de Adolph Hitler en Obersalzberg; seguramente se lo reconstruirá por su valor histórico y la conservación de la memoria de una época importantísima del siglo XX. Se encontraba en Kehlstein (1884 metros), uno de los picos del macizo de Göll, por lo cual también se lo conocía como Kehlsteinhaus (Casa del Kehlstein). Visité esa construcción histórica en 1995. Era muy fácil llegar allí desde la cercana Salzburgo, donde en julio y agosto se desarrolla el célebre Festival de Música que, en parte, se superpone con el de Bayreuth. Hay excursiones que parten de una de las plazas de la ciudad mozartiana a lo que fue la residencia del Führer.
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La primera vez que Hitler estuvo en Obersalzberg fue en 1923, diez años antes de que llegara al poder. Quedó muy impresionado por la belleza de esa región. El recuerdo de esos paisajes hizo que en 1933 decidiera levantar allí una residencia privada. Lo instruyó a Martin Bormann, que también tenía casa en la zona, para que comprara o confiscara terrenos destinados el uso privado del Führer. Cuatro años más tarde, se le encargó al Inspector General Ingeniero Fritz Todt la construcción de una ruta de 6, 5 kilómetros y 4 metros de ancho: el tramo final que se debía recorrer para llegar en automóvil a lo que sería la residencia de Hitler. Según una versión, habría sido un regalo del pueblo alemán al Führer en su cincuentenario; según otra, la pagó el Estado. Alguien sarcástico podría decir que Hitler agradeció el gesto con la invasión a Polonia que desencadenó la Segunda Guerra Mundial, también durante el cincuentenario. Más allá de las sutilezas, el dinero salió en ambos casos de los impuestos pagados por los ciudadanos. Cumplir ese encargo era muy difícil con los recursos técnicos de la época. Lo que hacía aún más complicado la realización de esa obra era que debía hacerse contra el reloj para que coincidiera con el Happy Birthay del dictador. Además, a menudo, hubo que cancelar los trabajos en parte del otoño y naturalmente en invierno por razones climáticas. La nieve paralizaba las actividades.
Había que prever el amplio espacio reservado para el estacionamiento de automóviles y autobuses a 1710 m de altura. En ese nivel, se abrió un túnel de unos centenares de metros dinamitando la montaña. Las puertas de ese estrecho sendero en el corazón de las rocas tenían manijas en forma de leones. Las llaves quedaron en manos de un coleccionista de los Estados Unidos. En ese túnel se construyó un hall circular con paredes de mármol y se colocó un ascensor muy espacioso, en el que podían entrar cómodamente varias personas. Ese transporte les permitiría a los “pasajeros” recorrer verticalmente los últimos 124 metros que los separaban de la cima. Con él, hasta el viernes 23 de octubre último, se podía llegar al gran hall de la Kehlsteinhaus con sus paredes y alto techo decorados de paneles cuadrangulares de madera, su chimenea de mármol, regalo de Benito Mussolini; y la alfombra de 10 centímetros de espesor, un presente de Hirohito, emperador de Japón. Las puertas de ese vehículo se abrían en lo alto sobre el salón comedor de Hitler; hoy confitería y restaurante de los 2000 turistas diarios que visitan de ese histórico espacio en verano.
El ascensor es lujoso y elegante. En él, todo es bronce y espejos, sin olvidarse de una confortable y suntuosa banqueta, que ocupa el fondo del transporte, tapizada en cuero de cocodrilo (al menos hasta 1995). La velocidad era más alta de lo que se podía prever para la época de la construcción del chalet. Los comensales se sentían muy a gusto almorzando o merendando en el salón de recibo del Führer. Desde una gran ventana se tiene una vista espléndida del Königsee (Lago del Rey), de Watzmann, el macizo montañoso, y de la meseta Steinernen Sea (Mar de Piedra).
La Kehlsteinhaus fue bombardeada en 1945 sin que sufriera daños. En cambio, las cercanas casas de Göring y de Martin Bormann fueron destruidas por bombardeos.

