¿Y nosotros, para cuándo?… mientras se sigue esperando
Se sigue esperando.
Esa es, quizás, la única certeza.
Se espera que la economía arranque.
Se espera que bajen los precios.
Se espera que aparezcan oportunidades.
Se espera que alguien mire para este lado.
Y mientras tanto, la vida pasa.
Pasa en el comerciante que ya no vende.
En el trabajador que hace malabares para sostener lo básico.
En los jóvenes que no ven futuro y empiezan a mirar la salida, no la construcción.
Se sigue esperando… pero cada vez con menos margen.
Porque lo que antes era paciencia, hoy es desgaste.
Lo que antes era expectativa, hoy es desconfianza.
Y lo que antes era esperanza, empieza a convertirse en bronca.
Nos dijeron que había que aguantar.
Que era un proceso.
Que lo peor ya había pasado.
Pero la pregunta sigue ahí, intacta, cada vez más incómoda:
¿y nosotros, para cuándo?
Porque la reactivación no puede ser un anuncio eterno.
No puede ser una promesa que siempre está por venir pero nunca llega.
Y mucho menos puede ser selectiva.
Porque mientras algunos sectores parecen tener acceso directo a las decisiones,
otros seguimos mirando desde afuera.
Sin participación.
Sin respuestas.
Sin lugar.
Se habla de números, de indicadores, de variables macro…
pero poco se habla de lo que pasa en la calle.
Ahí donde no hay estadísticas, hay realidades.
Ahí donde no hay discursos, hay necesidades.
Y ahí es donde la política debería estar presente.
Pero no alcanza con decir que “ya va a llegar”.
Porque hay una parte de la sociedad que hace tiempo dejó de sentir que está en la lista de prioridades.
Y entonces la espera deja de ser un proceso…
y pasa a ser una forma de exclusión.
Se sigue esperando.
Sí.
Pero ya no en silencio.
Porque esperar sin ser escuchados no es paciencia:
es abandono.
Y porque tarde o temprano, esa pregunta que hoy incomoda…
va a exigir una respuesta real:




