CUANDO LA BASURA SE CONVIERTE EN TRABAJO Y EL PUEBLO VUELVE A CREER.
Cuando la basura se convierte en trabajo y el pueblo vuelve a creer
En Stroeder el día empieza temprano. El viento corre como siempre y las calles se despiertan despacio. Entre bolsas, restos y lo que otros ya no quieren, hay mujeres que miran distinto. Donde muchos ven descarte, ellas ven posibilidad.
Son las mujeres de la Cooperativa de Trabajo Mujeres en Pie. Mujeres comunes, vecinas, madres, trabajadoras. Mujeres que durante años limpiaron calles por ingresos que no alcanzaban, pero que nunca dejaron de pensar cómo cambiar esa realidad sin irse del pueblo.
“Acá está nuestra vida”, dice Yohana Anduelo, mientras señala el lugar donde crecieron sus hijos. “Nosotras no queremos irnos para progresar. Queremos que el progreso llegue acá”.
De esa convicción nace un proyecto que hoy está en etapa de presentación y que busca transformar los basureros a cielo abierto en algo muy distinto: trabajo digno, economía circular y futuro. No como slogan, sino como práctica cotidiana.
La economía circular, para ellas, no es una palabra técnica. Es juntar, clasificar, limpiar, reutilizar. Es convertir plásticos en productos, residuos en anteojos, bolsos, macetas. Es demostrar que la basura también puede ser trabajo, y que el trabajo puede devolver dignidad.
“Nosotras sabemos reciclar porque sabemos cuidar”, explica Yohana. “Cuidamos nuestras casas, nuestras familias y ahora queremos cuidar el pueblo. Todo está conectado”.
El proyecto se alinea con los lineamientos del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, pero su fuerza real está en el territorio. En mujeres que decidieron organizarse para no quedar en el olvido. Para que Stroeder no sea solo un lugar de paso, sino un lugar donde quedarse.
Cerrar un basural, dicen, no es solo limpiar un terreno. Es mejorar la salud, el paisaje, el turismo. Es generar empleo propio. Es evitar que los jóvenes se vayan porque no hay oportunidades. Es darle al pueblo una identidad nueva: la del cuidado y lo verde.
“Cuando hay trabajo, el pueblo respira distinto”, dice Yohana. “Se vuelve a creer”.
Hoy, mientras el proyecto espera acompañamiento y decisiones, ellas siguen trabajando. Porque ya entendieron algo fundamental: el cambio no empieza cuando alguien lo autoriza. Empieza cuando una comunidad decide ponerse de pie.
Y en Stroeder, esas mujeres ya lo hicieron.




