Stroeder recuerda a Victor Juan Carlovich con gratitud y afecto

Stroeder recuerda a Victor Juan Carlovich con gratitud y afecto

Stroeder recuerda a Victor  Juan Carlovich  con gratitud y afecto.

En la sesion de Honorable Concejo Deliberante del Partido  de Patagones se rendira un  merecido reconocimiento a Don Victor Juan  Carlovich vecino de la localidad de Stroeder.

Don Victor representa a esa generacion  de hombres  y mujeres  que con esfuerzo silencioso construyeron la identidad de nuestros pueblos.

Su vida  sencilla pero llena de valores ha dejado  una huella profunda en Stroeder,donde  el respeto y el cariño de sus vecinos hablan mas que cualquier palabra.

En el libro Dimes y Diretes de  la norpatagonia su hijo Ricardo Carlovich  nos habla de el.

Culpa es tuya Victor.

 Víctor Juan Carlovich, el dueño de la cultura general más completa que he conocido a pesar de su sexto grado. El padre que se levantaba a las 3 de la matina para disfrutar su cigarrillo y leer apasionadamente porque así no interrumpía su trabajo y la atención de su familia en “horarios normales”. El locutor que conducía y animaba; que hacía llorar y hacía reir en el mismo acto como los viejos animadores que ya no quedan.

Todas sus locuciones terminaban con la frase:“Si esto salió bien, la culpa es enteramente de ustedes…si algo salió mal, todo es culpa mía”, definiendo como nadie la tarea del presentador. Ese locutor al que vi presentar a Sandro, a Palito, a Favio o conducir un acto en la escuelita de campo de La Celina con la misma pasión…

Ese que a los 16 años ya era el locutor oficial del gobernador Silvestre Begnis en Santa Fe. Ese que presentó a Atahualpa, a Los Chalchaleros, a Los de Siempre. El mismo que reinauguró Spadevecchia con Troilo o que hizo giras por el país con Varela, Pugliese, Virginia Luque y tantos otros. El de Radio El Mundo y Radio Belgrano en los años dorados y el de FM Encuentro de Viedma. Se fue también el mejor periodista. Ese de las primeras transmisiones de carreras de los Rouco que terminaron siendo Carburando y el de “Haciendo Calle” de Viedma. Ese de los 636 reportajes a vecinas y vecinos de la Comarca y el que compartió redacción con Fontanarrosa. Se fue un creador como nadie, que “inventó” la Fiesta de los 15 años” para que la chica más humilde tenga la mejor fiesta junto a la más rica del pueblo. Se fue el escritor de ensayos y obras de teatro con el seudónimo VIC JUNCAR. Se fue el hijo de Don Víctor, un buenaso de sangre croata al que llenó de orgullo siendo un gran hijo. Se fue un fenómeno jugando con la “10”, dueño de una zurdita habilidosa que tiró paredes con Gonzalito y Artime o con su hermano Alberto, con quien disputaban la presa de las palomitas en la polenta de la Juana, su hermosa madre con aires gitanos. Se fue el que puso 80 artistas en escena en un pueblo de 2000 habitantes como Stroeder. Se fue el que “re inventó” al Cuarteto Amanecer. Se fue el que nos mandaba a regar las plantas que él mismo sembró a la vera de la ruta 3 para que el camionero tenga un descanso con sombra…

También se fue el administrador de la Junta Nacional de Granos que tuvo el mejor promedio durante 40 años de labor intachable. Se fue el que se peleó con la mafia sindical portuaria y que buscó a su sobrino desaparecido aún a costa de su pellejo yendo a molestar a obispos y embajadores. También se fue el esposo lleno de amor y poesía, que todos los días dejaba en la mesada de la cocina una flor, un chocolate, un poema, para que Mirna se vuelva a enamorar de él cada mañana al levantarse. Es ese mismo que venía de ser nota en Radiolandia y dejó todo su porvenir profesional por el amor de una “tanita” con los ojos color tiempo. Se fue además un gran amigo, de palabra justa y al que iban a buscar las jóvenes parejas por un consejo ante cualquier obstáculo. El mismo que juntaba a los chicos del pueblo y al que adoraban sin parentesco alguno y al que llamaban cariñosamente “Tetey”. Se fue el padre del apoyo a cada hijo, como si fuese lo último que haría en su vida. Por estrictas cuestiones de profesión, guardó algunas cosas de enorme valor como pocos. Su recomendación cuando a los 11 años fui a hacer mi primera “locución” fue “agarrá fuerte el micrófono para que te tenga respeto y bésalo rozándolo con los labios permanentemente para que se enamore de vos…” O esa otra “elegí alguien del público y míralo todo el acto; si esa persona te presta atención quiere decir que el resto también está atento”. Se fue el más grande. Fue tan grande que eligió, con la humildad que lo caracterizó siempre, cuándo irse sin hacer sufrir a nadie y sólo para no molestar… Sin rencores, sin reproches, que bien pudo haber hecho. 

Porque esa fue su mayor enseñanza, la humildad: ”nadie es mejor que vos hasta que te demuestre lo contrario y ahí si, reconócelo” o “más vale pasar por un tonto un minuto y no por un necio toda la vida”. Y además, tenía otra razón que ahora comprendemos con fuerza de ley: “hagas lo que hagas, te vaya bien o mal, metas la pata o no, hace de vos una buena persona. Lo demás, viene sólo”. Así que hoy, que te has reencontrado con tu padrino Julián Centeya, con tu amigo el flaco Enrico, con Mirtita tu hija de la vida y con las moneditas de mamá, voy a cambiarte la frase del final: Si algo salió mal, la culpa fue enteramente nuestra …si algo salió bien, Victor, la culpa fue toda tuya.